El proceso de pelar el diente de ajo es complicado a la vez que sencillo. Complicado porque el objetivo principal es que el diente no sufra ningún daño y que tenga el mejor aspecto posible, pero sencillo por que el concepto de retirar la piel del ajo no es nuevo. Para poder ofrecer un producto terminado de calidad se han tenido que inventar y desarrollar máquinas para agilizar el proceso.
Existen dos principales técnicas para pelar el diente del ajo: por centrifugado (seco o mojado) o con aire comprimido.
Al primer sistema se le llama “centrifugado” porque asemeja al funcionamiento de una lavadora. La segunda técnica consiste en aplicar aire comprimido por secciones del diente para retirar la capa que lo recubre.
Antes de pelar los dientes las cabezas de ajo pasan por una cinta que aplica unas determinadas vibraciones para que las cabezas se desprendan de los dientes.
Si estás acostumbrado a usar ajo en la cocina sabrás de sobra lo conveniente que es disponer de ajo previamente pelado, listo para usar o consumir. Esto es incluso más notable en el sector de la restauración, donde cada minuto cuenta y los comensales quieren la comida nada más sentarse en la mesa.